En las conversaciones sobre descarbonización del Transporte por Carretera hay dos protagonistas habituales: el fabricante, que pone el vehículo, y la administración, que pone la norma y a veces la ayuda. Rara vez aparece un tercero que, sin embargo, es quien firma.
Se llama Gestor de Transporte, y su figura tiene una definición legal precisa.
Qué es exactamente
La normativa exige que toda empresa dedicada al Transporte Público de Mercancías o Viajeros cuente en su organización con una persona que posea el Certificado de Competencia Profesional para el Transporte, popularmente conocido como Título de Transportista. También deben contar con ella las empresas Transitarias, los Operadores Logísticos y las Agencias de Transporte.
No es un requisito ornamental. Es la persona que dirige de forma efectiva y permanente la actividad de Transporte de la empresa. Sin ella, la empresa no puede operar.
Por qué esto importa en una conversación sobre flotas
Porque la decisión de renovar una flota, y sobre todo la de electrificarla, no es una decisión puramente comercial. Es una decisión que combina régimen de autorizaciones, fiscalidad, financiación, planificación de rutas y normas técnicas de explotación. Justo el mapa de materias sobre el que se examina un gestor de transporte: derecho fiscal, gestión comercial y financiera de la empresa, acceso a los mercados, normas de explotación y técnicas, y seguridad vial.
Dicho de otro modo: la persona que en una empresa de Transporte está legalmente cualificada para evaluar si un cambio de flota es viable es, casi siempre, la misma que tiene el Certificado. Cuando ese perfil está bien formado y actualizado, la empresa puede analizar una operación de electrificación con criterio propio. Cuando no lo está, la decisión acaba delegándose en el comercial del concesionario o en el renting.
Es una diferencia poco visible desde fuera y muy determinante desde dentro.
El punto ciego: un temario que no se actualiza al ritmo del sector
Aquí conviene ser claro. El programa sobre el que se examinan los Gestores de Transporte responde al marco europeo del Reglamento (CE) n.º 1071/2009, que establece las normas comunes para el ejercicio de la profesión en la Unión Europea. Es un marco sólido en lo jurídico y lo económico.
Lo que no incorpora con la misma profundidad son las variables que hoy condicionan una decisión de flota: coste total de propiedad de un vehículo eléctrico frente a uno diésel, dimensionado de la infraestructura de recarga en base, gestión de la autonomía en operaciones de larga distancia, o el impacto de las zonas de bajas emisiones en la planificación de rutas urbanas.
Son competencias que hoy se adquieren fuera del itinerario obligatorio: en formación continua, en experiencia directa o, sencillamente, no se adquieren.
Tres preguntas que un gestor debería poder responder hoy
Más allá del temario oficial, y a modo de autodiagnóstico para quien ejerce el cargo:
- ¿Cuál es el coste por kilómetro real de cada vehículo de la flota, incluyendo mantenimiento y tiempos improductivos? Sin ese dato, cualquier comparativa con un eléctrico es una conjetura.
- ¿Cuántas de las rutas habituales podrían cubrirse hoy con la autonomía disponible, sin modificar la operación? Suele ser un porcentaje mayor del que se supone, y menor del que promete el fabricante.
- ¿Qué formación en conducción eficiente ha recibido la plantilla en los últimos dos años? Es la inversión con mejor relación coste-resultado del sector, y la que menos se hace. Un mismo vehículo, conducido de forma anticipativa y suave, consume de forma sensiblemente distinta. En una flota, ese diferencial se multiplica por toda la plantilla y por todos los kilómetros del año.
La conclusión incómoda
El debate público sobre la descarbonización del Transporte se centra casi por completo en el vehículo. Pero entre el vehículo disponible y el vehículo comprado hay una persona que decide, y esa persona necesita criterio técnico, no solo voluntad.
Reforzar la formación del gestor de transporte no es un asunto administrativo. Es, probablemente, una de las palancas más baratas y menos exploradas para acelerar la transición de las flotas españolas.

