En 1968, cuando la Dirección General de Tráfico solicitó una lista de monitores de autoescuelas, en Ourense decidieron no incluirme por ser mujer, a pesar de que yo ya estaba enseñando.
Sin embargo, eso no me desanimó.
En EcoDriver Mobility University (EMU) queremos reconocer a Adelaida Arias Fernández, la primera profesora de autoescuela de España, su brillante y especial trayectoria.
Los Premios Homero a una Trayectoria de Excelencia Docente en la Enseñanza de la Formación Vial y la Movilidad Segura y Sostenible destacan a los profesionales que han demostrado un compromiso excepcional en la enseñanza de la seguridad vial y la movilidad sostenible.
Estos premios reconocen la innovación en métodos de enseñanza, la creatividad en la elaboración de materiales didácticos, y la contribución significativa a la comunidad educativa, así como el impacto en la promoción de una movilidad más segura y sostenible.
Los candidatos deben tener una amplia experiencia en la formación vial, destacarse en proyectos de investigación y colaboración con diversas instituciones, y mostrar un firme compromiso con la actualización de conocimientos.
En su tercera edición, el galardón honra a Adelaida Arias Fernández, una pionera en el campo de la formación vial.
Nacida en Petín en 1935, Adelaida rompió barreras en una época en la que el papel de las mujeres estaba restringido mayormente al ámbito doméstico.
Fue la primera mujer en España en convertirse en monitora de autoescuela, desafiando las normas sociales de su tiempo y abriendo camino para futuras generaciones.
Su destacada trayectoria y su dedicación a la enseñanza de la conducción y la seguridad vial la convierten en una merecida receptora del Premio Homero.
A continuación, compartimos una conversación con Adelaida sobre su experiencia y logros en el campo de la educación vial.
Adelaida, cuéntanos cómo fueron tus inicios en el mundo laboral.
¿Qué te llevó a elegir la enseñanza como tu vocación?
Desde siempre supe que lo mío era la enseñanza.
Aunque estudié Relaciones Laborales, mi verdadera pasión era el magisterio.
Tuve la suerte de que, al terminar mis estudios, me ofrecieron una colocación en Vigo para dar clases en el Liceo Francés.
Fue una oportunidad que no dejé pasar y me permitió cumplir mi sueño de enseñar.
¿Y cómo fue el cambio a tu vida en A Pobra de Trives? Sabemos que fue un gran paso para ti y tu familia.
Sí, fue un cambio significativo.
Me casé en 1961, y mi marido quería volver a su pueblo, ya que no se acostumbraba a la vida en la ciudad.
Así que nos mudamos a A Pobra de Trives, donde abrimos una gestoría y una autoescuela. Además, daba clases para preparar a las niñas para el Bachillerato.
Al principio, había pocos alumnos para sacarse el carné de conducir, pero poco a poco fuimos estableciendo una clientela fiel.
En ese tiempo, te enfrentaste a desafíos, especialmente por ser mujer en un entorno laboral dominado por hombres. ¿Cómo lo manejaste?
Fue difícil, claro. En 1968, cuando la Dirección General de Tráfico solicitó una lista de monitores de autoescuelas, en Ourense decidieron no incluirme por ser mujer, a pesar de que yo ya estaba enseñando.
Sin embargo, eso no me desanimó.
Me presenté a la primera convocatoria oficial de examen para obtener el título de monitora en 1971 y aprobé.
De cinco mil aspirantes, fui la única mujer en superar el examen.
Siempre me mantuve firme y no dejé que los comentarios machistas ni la discriminación me frenaran.
¿Cómo te sientes al mirar atrás y recordar todos esos años de docencia?
Cuando miro atrás y veo todo el camino recorrido desde que comencé en 1958, me siento satisfecha conmigo misma y muy agradecida.
A lo largo de mi vida profesional, pasé por diferentes ámbitos como la docencia, la gestoría y la autoescuela.
En todos esos lugares, siempre me guie por un fuerte sentido de responsabilidad y entrega, principios que nunca me abandonaron y que fueron mis compañeros de viaje en este camino.
¿Hay algún lema o principio que te haya guiado durante tu carrera?
Sí, siempre tuve presente este lema:
«Obra de forma tal que tu manera de obrar pueda convertirse en forma de vida».
Esa fue mi intención y mi manera de actuar, ser fiel a mis principios, viviendo cada día con entrega y dedicación.
Es realmente impresionante. ¿Qué recuerdos guardas de esos años de intenso trabajo en la autoescuela?
Fueron años de mucho esfuerzo, pero también muy gratificantes.
Mi jornada empezaba temprano y, muchas veces, no terminaba hasta las diez y media de la noche.
Cuando se construyó la presa de Sobradelo, los trabajadores venían a sacarse el carné de conducir, y eso alargaba aún más mi jornada.
Pero ver los logros de mis alumnos hacía que todo valiera la pena.
Muchos aprendieron no solo a conducir, sino también a leer conmigo.
Conmigo, abuelos, padres e hijos de las mismas familias se sacaron el carné, lo que creó lazos muy especiales.
Ahora que estás jubilada, ¿Cómo es tu día a día? ¿Sigues involucrada de alguna manera con la gestoría o la autoescuela?
Por un desprendimiento de retina, tuve que dejar de trabajar para no arriesgarme a perder la vista.
Aunque ya no estoy al frente de la autoescuela, sigo visitando la gestoría, que ahora lleva mi hija.
Me gusta saludar a la gente cuando vienen a preguntar por mí.
Muchos de mis antiguos alumnos, ahora emigrados, regresan y me buscan para recordar viejos tiempos y agradecerme lo que les enseñé.
Me llena de satisfacción saber que dejé una huella en sus vidas.
Para terminar, Adelaida, ¿Qué mensaje te gustaría dejar para las futuras generaciones de mujeres que buscan abrirse camino en sus carreras?
Les diría que no se dejen intimidar, que sigan adelante con determinación y que nunca renuncien a sus sueños, sin importar las dificultades.
Ser agradecida es fundamental en la vida, y yo lo estoy con todos aquellos que me apoyaron y confiaron en mí.
A todos ellos, les debo mucho de lo que soy.
Mas información formativa en el siguiente enlace.
Y más noticias relacionadas en En EcoDriver Mobility University (EMU)

